Comenzamos el día con un muy
variado y completo desayuno cortesía del Hotel Intercontinental de Cali y así
cargamos la baterías para encarar un trayecto que se suponía sería retador.
El primer trayecto entre Cali y Popayán
estuvo sin novedad y bastante expedito, luego entre Popayán y Pasto nuestras suposiciones
se confirmaron ya que bajo un inclemente sol, mucha humedad nos encontramos con
una carretera en pésimas condiciones (hace ver el tramo de Barlovento como una
carretera Alemana) llena de huecos, tierra, mal asfaltado y pare usted de
contar. Además, se ve desde lejos la pobreza en la zona donde todos los
lugareños lo que hacen es pararse al borde de la carretera a pedir limosnas, un
cuadro muy deplorable.
Luego de pasar Pasto, lo cosa
mejoro mucho ya que la carretera está en muy buenas condiciones y empezamos a
subir y la temperatura a bajar lo que
hizo de este último tramo un paseo agradable.
Al llegar a Ipiales (pueblo en la
frontera Colombo-Ecuatoriana) como en toda frontera de nuestros países, reinaba
el caos, el humo negro de los camiones y buses, la gente toda parece sospechosa
o que anduviesen en movidas raras.
Hicimos el trámite de salida de
Colombia con notable rapidez y el ingreso a Ecuador, que aunque no tan
eficiente, no nos podemos quejar. Nos alojamos en una taguara de camioneros a
la orilla de la carretera, que después de 10 horas y 470 Kms recorridos, lo que
queríamos era una cama y una ducha con agua caliente.
Ayer no pude publicar esta nota
por que no había wi-fi en el hotel.
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